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El castillo de la Aragonesa, un fortín bereber

-Manuel Perales Solís-

 

Hace más de 66 años un Decreto del Ministerio de Educación Nacional sobre protección de los castillos declaraba que “todos los castillos de España, cualquiera que sea su estado de ruina, quedan bajo la protección del Estado, que impedirá toda intervención que altere su carácter o pueda provocar su derrumbamiento”(1).

 

   Posteriormente en junio de 1985 la Ley del Patrimonio Histórico Español declaraba a todos los castillos, torres y fortines militares como Bienes de Interés Cultural gozando por tanto de la máxima protección y quedando incluidos en el Inventario del Patrimonio Histórico-Artístico Español.   Uno de estos inmuebles protegidos aún sobrevive en nuestro término municipal en el conocido pago de La Aragonesa, a mitad del viejo camino entre San Julián y Villa del Río. Desde 1992, se encuentra incluido igualmente en el Inventario de la Consejería de Cultura sobre yacimientos arqueológicos, disfrutando de la máxima protección legal (2).

 En 1981 el escritor y profesor Don Juan Eslava Galán dedicó su tiempo al estudio de estos recintos militares, de origen beréber, esparcidos por el valle del Guadalquivir, en un trabajo  titulado “Fortines Beréberes en Al Andalus” patrocinado por la Universidad de Granada (3). Entre ellos se ocupaba de este castillo de La Aragonesa de quien destacaba sus características comunes con otros castillos ya desaparecidos como el de Aldehuela, Cotrufes, Fuerte del Rey y el de Marmolejo, ya tratado en esta página. Esto es: su forma cuadrada o levemente rectangular, tener torres cilíndricas en las esquinas; presentar una torre del homenaje en el centro del patio de armas; ser de iguales o parecidas dimensiones.

 

Castillo de la Aragonesa hacia, flanco norte. Foto: Manuel Perales, año 1977.

Torre del Homenaje desde el flanco oeste. Foto Manuel Perales, año 1977.

Torreón esquinero del suroeste. Foto: Manuel Perales, año 1977. 

 El castillo de la Aragonesa, nos dice Eslava Galán, a cuyo análisis descriptivo nos vamos a ceñir a partir de ahora,  “tiene forma rectangular con los ángulos rematados por torreones cilíndricos macizos a excepción del ángulo noroeste, donde una torre del homenaje cuadrada ha suplantado al torreón correspondiente. La torre es de sillería regular bien escuadrada mientras que los torreones cilíndricos son de mampostería menuda y los lienzos de muro de tapial.   En el tapial observamos una altura de 82 centímetros entre los encofrados. La longitud horizontal entre los mechinales que dejaron los palos oscila entrrelos 65  y 80 centímetros. La muralla original tenía una altura de seis tapias o encofrados (4,80 metros) y estaba rematada por almenas de planta rectangular y remate piramidal cuyas medias son de 65 ctms de largo por 50 ctms de grosor. El paso de ronda tenía unos 50 cmts.  Son muy pocas las almenas que se conservan y en ellas se observa la apertura de una saetera en el cuerpo bajo de la propia almena, lo que debilita considerablemente su estructura.  Los torreones cilíndricos, bastante adelantados para favorecer el flanqueo del atacante, son macizos hasta la altura del paso de ronda. A partir de este punto parece que serían huecos para cobijar en su interior un mínimo habitáculo. Estos torreones tienen 4,60 metros de diámetro. Por la parte hueca correspondiente al habitáculo superior, el muro mide 1,30 de ancho. Todos los remates están destruidos pero se aprecia que los torreones sobresalían por los menos dos metros el nivel del paso de ronda. En el del lado Suroeste se aprecia un curioso perfíl troncocónico muy orientalizante que no parece fortuito y que nos recuerda el de algunas construcciones marroquíes.   El calicanto de los muros es de excelente calidad, muy rico en cal y muy empedrado de cantos rodados procedentes, sin duda de un paraje cercano por el que discurrió alguna vez el lecho del río. En algunas zonas de la muralla el zócalo inferior se presenta erosionado, quizás por antiguas labores de zapa. Estas brechas se remendaron con mampostería y ladrillo.      

 

En relación al elemento  más sobresaliente del castillo, la torre del homenaje, nos dice el autor que “suplanta al torreón correspondiente del ángulo noroeste y a una parte de los lienzos norte y oeste del recinto....se trata de una modesta torre del homenaje, sólida y expertamente construida. El cuadrado que forma su base tiene 6,60 metros de lado y su altura, medida hasta los canes que sostenían el matacán de la terraza, es de 13 metros. En su interior alberga tres cámaras, correspondientes a otros tantos pisos o niveles: la más baja, aislada del resto del conjunto, debe corresponder al aljibe. Sus muros interiores conservan restos del enlucido de estuco que preservaría el agua....La cubierta es una bóveda esférica de mampuestos en cuyo centro observamos el agujero del pozo que la comunicaba con el aposento superior.      

A la cámara intermedia se accede a través de una puerta abierta en el centro del muro Norte a unos cinco metros de altura sobre el nivel del suelo actual. La puerta no queda al mismo nivel que el piso del aposento sino medio metro más baja. Este desnivel se salva con dos peldaños. La bóveda es esférica, de mampostería menuda. En el muro oeste, a dos metros sobre el nivel del piso, se abre otra puerta que da a una escalera de caracol embutida en el espesor del muro. Esta conduce al aposento superior y a la terraza. La escalera recibe luz de una saetera practicada en el muro Oeste y del acceso a la cámara superior que a su vez recibe luz de sendas saeteras abiertas en los muros Norte y Sur....La terraza de la torre ha perdido por completo los parapetos almenados que seguramente tuvo. Aún conserva algunos canes. Parece que estos coronaban toda la torre originalmente y que en las esquinas eran especialmente robustos quizás porque sostenían garitas. Entre los restos de dos canes, en el centro del lado Sur, observamos un canal de desagüe, tallado en la piedra.....Del examen del recinto de la Aragonesa se desprende que contemplamos dos etapas constructivas en este edificio. La primera corresponde a un fortín indudablemente beréber por el tipo de tapial y materiales empleados. La dificultad que entraña el uso del tapial en las torres esquineras, cilíndricas, se solventa mediante la aplicación de mampostería menuda, muy rica en cal, en estos puntos.    Una segunda etapa constructiva, cristiana del siglo “XIII o principios del XIV, es la que corresponde a la torre del homenaje, de sillería, que desentona completamente de la obra beréber. Se ve que el fortín caminero acabó siendo castillo rural, cabecera quizás de algún donadío”. 

 

Estas anotaciones fueron realizadas por Eslava Galán hacia 1981, es decir hace ya 34 años, tiempo en el que el proceso de deterioro ha proseguido adelante haciendo mella en esta construcción única en nuestra comarca. Advierto al lector que en este texto he detectado errores en las orientaciones geográficas que muy bien pudieran haberse debido a un error de imprenta, y que me he permito subsanar tras una visita al castillo. 
      Por otro lado hay que decir que previsiblemente la entrada principal al recinto se ubicaría en el flanco Este, donde hoy persisten los restos en ruina de la residencia rural, previsiblemente de los  propietarios del castillo, adosada  a ese paño de muralla en épocas posteriores al proceso de Reconquista. Aún podemos apreciar como la muralla de tapial quedaba embutida en la nueva construcción. Las estancias interiores de esta vivienda ocuparon también el patio de armas y acabaron dándole a este recinto una  utilidad agrícola-residencial hasta fechas relativamente recientes. 
     Igualmente la muralla del flanco Norte, entre la torre del homenaje y el torreón esquinero ubicado en el ángulo del Noreste, debió de ser demolida en época cristiana para poderse construir la Torre y al mismo tiempo proporcionar más amplitud al patio de armas, siendo sustituida por un nuevo muro de tapial, reforzado en las esquinas con mampostería irregular, en donde se ubicó una puerta de acceso a las  nuevas estancias construidas entre este muro y la Torre. El nuevo muro en el que debieron de reutilizarse materiales del desaparecido torreoncillo del Noroeste, ya no alineaba con la pared norte de la torre, como si debió de hacerlo el antiguo paño de muralla  beréber. Aún así, quedará siempre la duda, hasta tanto se realicen los estudios arqueológicos,  de si en los primeros años de ocupación cristiana, perduró el paño norte de la muralla beréber, por cuyo paseo de ronda  se   accedería  fácilmente a la puerta de entrada a  la cámara intermedia de la Torre, situada a más de cinco metros de altura, o si por el contrario fue derribado en los primeros momentos de la ocupación de esta fortaleza.

Castillo de la Aragonesa: Planta y alzado de la Torre del Homenaje. Fuente: Juan Eslava Galán, año 1981.

Vista del pago del Castillo desde San Inés y Panduro. Foto: Manuel Perales, año 1977.

Castillo de la Aragonesa: flanco sur. Foto: Manuel Perales, año 1977. 

Notas:

 

(1) Se trata del Decreto de 22 de abril de 1949, expedido por el Ministerio de Educación Nacional (B.O.E . 5-5-1949) sobre protección de los castillos españoles.

 

(2) Inventario de yacimientos arqueológicos de la Provincia de Jaén. Ficha correspondiente alCastillo de la Aragonesa. Archivo Central de la Consejería de Cultura. Sevilla, año 1992

 

(3) Eslava Galán, Juan: Fortines beréberes en Al Andalus”. Publicado en Cuadernos de Estudios Medievales y Ciencias y Técnicas Historiográficas. Páginas 97 a 108. Universidad de Granada. Año de 1988.

 

Planta del Castillo de la Aragonesa. Fuente: Juan Eslava Galán, año 1981.

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