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Casas con valores ambientales

-Manuel Perales Solís-

 

En nuestro pueblo se fueron destruyendo paulatinamente, con el paso de los años, gran cantidad de edificios del siglo XIX y principios del XX, con valores arquitectónicos dignos de haber sido respetados y conservados, al menos en su aspecto externo, para disfrute de generaciones presentes y  futuras.  Los pueblos que lo hicieron y mantuvieron su patrimonio arquitectónico más sobresaliente, se enorgullecen hoy día de disfrutar de un escenario urbano común que los identifica como pueblo y, a su vez, los hacen más equilibrados y felices. Que no otra cosa se consigue cuando se convive en  espacios  que mantienen intactas aquellas  perspectivas y lugares comunes en los que se recrearon los juegos de la niñez y los felices ratos de divertimento de la juventud. No se puede despreciar el legado del pasado pues en cierto modo es menospreciar lo creado con mimo por quienes nos precedieron.  Los pueblos que han respetado su patrimonio histórico-artístico, así como sus edificios más emblemáticos, se nos presentan como más equilibrados y por supuesto parecen mantener  mayor capacidad para discernir entre lo genuinamente bello y lo que no lo es, demostrando, con ello, mayor sensibilidad hacia los valores de lo antiguo.

Casa nº 7 de la calle Canalejas.

 Esparcidas por el entramado urbano marmolejeño se encuentran no más de 30 ó 40 viviendas de utilidad privada, con fachadas interesantes desde el punto de vista ambiental, que sobrevivieron al desaguisado estético o a la paranoia destructiva de las últimas décadas del siglo XX. Estos edificios son el último vestigio que nos queda de una forma de entender la arquitectura civil como algo que se proyecta y ejecuta para vivir dignamente pero, al mismo tiempo, para ennoblecer la imagen de la calle, espacio común donde la vecindad  realiza, a diario, su actividad pública o social. 

   En todas estas casas aparecen como elementos  definitorios la simetría en la distribución de los huecos de las fachadas, la armonía y el equilibrio de las medidas y, cómo no, la belleza de los elementos no estructurales, esto es: zócalos, cornisas, rejas, puertas, recercos, etc, predominando, como es lógico en nuestra región,  el color blanco de los paramentos  en ocasiones alternado  con tonos de amarillo albero.

   Muchos de estos edificios que podemos apreciar en el presente artículo, se caracterizan  también porque conservaron casi intactas sus fachadas tal cual fueron concebidas cuando se proyectaron, pues hay otras muchas casas marmolejeñas que tras las reformas realizadas en los últimos años, alteraron por completo la estética externa, introduciendo elementos decorativos importados que nada tenían que ver con el patrón existente en la villa desde hace más de dos siglos, con el resultado final de aparecer convertidas en auténticos  “pastiches”, donde encontramos desde revestimientos con granito o alicatados hasta recercos de mármol negro o gris, todos ellos elementos “extraños” que indudablemente le restan  belleza y elegancia, rompiendo de paso la gracia y finura de nuestra arquitectura tradicional y de nuestro paisaje callejero. 

En algunas otras casas se conservaron algunos de los elementos antiguos como rejas y molduras pero desgraciadamente se alteraron los recercos y los zócalos, quedando muy afectada su estética primigenia.

 Otro elemento común a estas casas, que hoy son motivo de nuestra atención, radica en que se tratan de viviendas construidas a fines del siglo XIX y principios del XX por familias hacendadas de nivel medio y alto, sobre todo  los edificios que se conservan en el centro urbano. En algunos casos pertenecieron a las élites políticas y económicas de la localidad. Otras casas, también dignas de tenerse en cuenta, y que recojo en el reportaje fotográfico, pertenecieron, sin embargo, a medianos y pequeños propietarios y se encuentran ubicadas en las calles periféricas más alejadas del centro. Al margen de estas viviendas de dos plantas sobrevivieron en nuestro escenario urbano algunos ejemplares de pequeñas casitas de familias jornaleras heredadas del pasado siglo, pero de muy escasas dimensiones de fachada y de una sola planta, a las que prestaremos  atención en otro momento.

 Finalmente he traído también a colación un único ejemplar de casa construida en la barriada de Regiones, conservada milagrosamente en la calle Funcionarios, esquina a calle Principal, tal cual era en sus orígenes. Esta barriada construida por la Dirección General de Regiones Devastadas, constaba de 67 viviendas de renta reducida en su conjunto de construcción acertada destacando en ella los rasgos de una arquitectura de estética andaluza, proyectada por los arquitectos del organismo público, y reproducida igualmente en otros muchos pueblos de nuestra comarca adoptados por el Caudillo, como fue el caso de Lopera, Andújar, Arjona y Porcuna. 

   En general, en esta barriada, se concibieron  casas muy dignas para  familias de pequeños propietarios y jornaleros, incluyéndose, también en el caso de Marmolejo,  viviendas para el colectivo de funcionarios de la administración local y estatal. Las obras se ejecutaron entre 1946 y 1950, tras el decreto de 5 de Julio de 1945 que incluía a Marmolejo dentro de las poblaciones adoptadas por el general Franco para beneficiarse de la reconstrucción por los daños sufridos durante la Guerra Civil.  

Casa nº 15 de la calle Funcionarios, en el barriode Regiones Devastadas.

Casa nº 2 de la calle Maestro, conocida popularmente como “Casa de Las Hormiguitas”. 

Fachada a la calle San Antonio, en  “Las Cuatro Esquinas”, de la “Casa de Las Hormiguitas”. 

Casa nº 8 de la calle Perales. 

En la mayoría de estos  proyectos se apostó por un tipo de construcción modesta, utilizando tapial y ladrillo (en otros casos se construyó con muro de mampostería) y técnicas totalmente artesanales que aprovecharon los materiales que se encontraban en el lugar, dando al conjunto del barrio una estética andaluza con una amplia plaza hacia donde confluían las tres arterias fundamentales de la barriada: Funcionarios, Pérgolas y San Cristóbal, esta última  de una sola acera de viviendas de una  sola planta, básicamente para familias jornaleras. 

   Todas tenían una cocina-comedor, tres dormitorios y servicios, pensando en la mejora de las condiciones de la vida rural. En la segunda planta, se encontraban dormitorios y en algunos casos, pequeña cámara o granero, atrio apergolado hacia  la calle, con patio y corral de amplias puertas para poder introducir animales y pequeños carruajes. Hay que decir que en este barrio el resto de casas edificadas por Regiones Devastadas  han sido totalmente transformadas, quedando la estética  actual muy lejana a la inicialmente concebida. 

  Peor desaguisado se produjo en el barrio de Belén, construido durante la década de los cincuenta, donde algunas casas de gran sabor andaluz, en torno a la plaza de la barriada, se encuentran hoy totalmente irreconocibles y se hace imposible  localizar una fachada tal cual fue imaginada por los arquitectos de la época.

   Las casas con valores ambientales necesitarían de una mínima protección para que, al menos,  los elementos más significativos de sus fachadas perdurasen en el futuro. Es esta una noble tarea, cual lo es la defensa de nuestros bosques, de nuestras catedrales y de otras muchas causas nobles, hoy día, asumidas por la gran mayoría de la ciudadanía con total naturalidad y compromiso. Al mismo tiempo deberían de servirnos de modelos  para orientar la estética de las futuras construcciones o para mejorar las actuales fachadas cuando se ejecuten sobre ellas obras de remodelación. 

  Creo, sinceramente, que recuperar esas señas de indentidad perdidas en lo que a nuestro urbanismo se refiere, corrigiendo los errores del pasado y haciendo de nuestras calles un lugar bello y acogedor, es una tarea apasionante en la que deberíamos de implicarnos todos y todas sin titubeos, pues a la vista está, que Marmolejo lo está necesitando con urgencia.

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