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Rincones de nuestro término:

La Viñuela de Diego "Jabalí"

-Manuel Perales Solís-

 

 Desde la carretera que se dirige a Cardeña, unos metros antes de empezar a descender hacia el muro de la presa del Yeguas, a la izquierda, sale un viejo carril que discurriendo por el espinazo de la loma de la Herradura, nos adentra en los confines del gran meandro que  forma el rio Yeguas   antes de su desembocadura. Allí, en los confines del meandro, en su zona más meridional, se encuentra La Viñuela de Diego Jabalí, una finca de olivar que desde muy antiguo estuvo destinada al cultivo de la viña antes de ser plantados los olivos. 

 

  En el catastro de rústica de 1905, nos aparece con el nombre de “Viñuela de Godoy”; años después se le irá conociendo, según su dueño, como Viñuela de Lorenzo Cano y, finalmente, a partir de la década de los setenta del pasado siglo por Viñuela de  Diego “Jabalí” su último propietario.

  El paraje de la Herradura, pertenece al pago de Cerrada, y ocupa todo el amplio meandro del rio Yeguas que comprende, de norte a sur, desde los Membrillejos, algo más abajo de la hacienda de la Campana, hasta la Viñuela y el barranco de La Romana y, de este a oeste, desde el arroyo de Los Caros, hasta el mismo rio Yeguas por la zona del barranco del Lobo ( o de Mena).

 

  Tomando como guía el citado catastro, obtenemos valiosa información sobre los propietarios que tenían fincas en el pago de la Herradura, desde finales del siglo XIX. Algunos de ellos pertenecieron a la clase noble y otros a la pequeña y mediana burguesía agraria de Andújar y Marmolejo, si bien el hacendado más grande del pago, por estas fechas, fue el arjonero Nicolás Lópiz Talero, casado con Gertrudis Parras. Uno de los hijos del matrimonio, José María Lópiz Parras, contrajo matrimonio con Pastora Candalija Fernández-Sedano, propietaria andujareña, poseedora de diversos olivares en el término de Marmolejo por la zona de la Dehesa Cerrada.

Casería de La Viñuela.

Foto: Ricardo Fernández Perales

 Diego Medina Roncero “Jabalí”.

Fuente: Adriano Medina Arévalo.

 En general la mayoría  de las parcelas de olivos de este lugar eran denominadas con el nombre genérico de Herradura, aunque había también algunos predios, o pequeños “cuartos”, delimitados por cercas de piedra molinaza y de monte que, aún estando comprendidos dentro del gran meandro amesetado con forma de herradura, fueron conocidos con distinta nomenclatura, como a continuación  se muestra:

   Relación  de fincas y propietarios del pago de la Herradura a finales del siglo XIX (Catastro de Rústica de 1905): 

Además de la información que nos ofrece el catastro(3) me ha sido posible  añadir a la relación de propietarios del pago otros titulares de parcelas que aparecen, hacia 1903  en la escritura de compraventa(4) de varias fincas de olivar ubicadas en la Herradura que ese mismo año eran adquiridas por José Domingo Navarro Salcedo a los hermanos Brochetón, provenientes, todas ellas, del capital embargado en 1898 a Teodoro Martel conde consorte de Villaverde la Alta. Entre estos propietarios linderos con José Domingo Navarro nos encontramos, por ejemplo, con José María Peche y Valle, octavo marqués de Rianzuela nacido en Jerez de los Caballeros (Badajoz) en 1863 y fallecido en Badajoz en 1847. Su hijo, el noveno marqués, era el diplomático Juan del Peche y Cabeza de Vaca, yerno del general Miguel Primo de Rivera, casado con su hija Carmen. 
  Por otro lado este documento nos permite  afirmar que casi la totalidad del pago de la Herradura   perteneció hasta finales del siglo XIX a la casa de Villaverde la Alta pues está acreditado que fue la Condesa de la Vega del Pozo quien compró a los condes no sólo estas propiedades de La Herradura sino también otros bienes patrimoniales como la hacienda de la Boca del Río en el pago de Cerrada de Marmolejo, y la hacienda de Las Prensas en el Charco Novillo de Montoro. 

   En lo que respecta a la Viñuela de Diego “Jabalí”, nos encontramos con un propietario llamado Lorenzo Cano hacia 1903; dos años después, el catastro de 1905, nos indica que perteneció a la condesa de la Vega del Pozo  hasta la fecha del fallecimiento de la condesa en 1916. A partir de ahí sabemos que, una parte importante de su patrimonio pasó al Estado, al no dejar herederos cercanos, y otra a herederos más lejanos, entre los que estaban  los nuevos dueños de las Prensas y  de las fincas que tenía en el término de Marmolejo, entre ellas ésta de La Viñuela, más unos cuartos en La Herradura y  la hacienda de la Boca del Río,  que con total seguridad habrían sido compradas a Teodoro Martel. 

  El hijo de Diego, Adriano Medina Arévalo (5), da testimonio de que su padre adquirió esta finca al propietario de las Prensas,  con un total de 2.400 olivos provista de casa para  caseros y estancias para jornaleros; corrales con cuadras y pocilgas. Según reza en un sillar de uno de sus contrafuertes, la casa se ejecutó hacia 1861 y los corrales traseros para ganado hacia 1863. 
   Su padre, Diego Medina Roncero, nació en Marmolejo en 1919, y desde pequeño había estado trabajando en el campo.  De mayor se empleó de mulero y  también de aperaor en la cercana finca de la Herradura Parras, donde crió a sus tres hijos (un varón y dos hembras) fruto del matrimonio con la marmolejeña  María Arévalo Martínez, algo más joven que él. Durante más de 20 años estuvo con su familia viviendo y trabajando en La Herradura.  Por entonces  ya no pertenecía a los Lópiz de Arjona sino  al  bujalanceño Eduardo Castro Castro. Fue allí cuando empezó a  vislumbrar en su mente  la adquisición de un buen  pedazo de olivos que le diera una renta suficiente para solventar definitivamente  el presente y el futuro de su familia. Él que siempre había trabajado para otros,  tendría ahora, cumplidos ya los sesenta, la posibilidad de dedicarse a lo suyo y sacar a flote, con su buen hacer y sacrificios, unos buenos olivos existentes en la curva del rio Yeguas  pero que se encontraban  algo abandonados. 
  No debemos olvidar que durante los años sesenta y setenta del pasado siglo la crisis económica afectó con especial dureza al mundo rural andaluz provocando la emigración de multitud de elementos de la clase jornalera campesina hacia las regiones más industrializadas de España, buscando el progreso y el bienestar que aquí no tenían. La consecuente merma de efectivos de mano de obra jornalera en los pueblos y la bajada de los precios del aceite y de los cereales con  la consiguiente falta de rentabilidad de las grandes explotaciones hizo que muchos capitales agrícolas absentistas optaran por hacer caja, adelgazando ostensiblemente su patrimonio rústico mediante la venta libre. Este proceso facilitó, que muchos jornaleros se convirtiesen, a costa de enormes esfuerzos, tanto de trabajo como financieros (dados los altos intereses de aquellos años), en pequeños propietarios siendo ejemplos del mismo no sólo el caso de Diego Medina con La Viñuela, sino el de otras familias que adquirieron, por esos años, lotes de olivos en la Herradura pertenecientes al capital de Doña Catalina Navarro Parras; o las parcelaciones  de  otros latifundios de la sierra como La Cuna y Herrero, que facilitaron el acceso a la propiedad de pequeños lotes a varias familias marmolejeñas. El mismo proceso afectó a los olivares que el marqués de Albaida y conde de Antillón poseía  en la periferia de su finca de Los Mártires. Fue, en suma, una  especie de desamortización , pero en esta ocasión realizada por el sector privado.   

El río Yeguas saliendo del meandro de La Herradura por el barranco de La Romana.

Foto: Ricardo Fernández Perales.

Diego Medina Roncero y María Arévalo Martínez.

Fuente: Adriano Medina Arévalo.

Vista de la Viñuela y valle del Yeguas desde la Piedra de los Hierros.

Foto: Ricardo Fernández Perales.

En el caso que nos ocupa la precariedad de medios económicos disponibles para adquirir los abonos y productos fitosanitarios y la necesidad de atender religiosamente la amortización y los altos intereses de los préstamos de aquellos años, acabaron frustrando parte de sus planes de futuro de Diego Medina. “Al cabo de dos o tres años mi padre se vio obligado a vender la mitad de La Viñuela para poder salir al frente de los costes producción  de la otra mitad y atender de paso, los compromisos contraídos con el banco. Él se quedó con la parte de ladera que da cara a los huertos de Mollejas y a la Capitanía de San Camilo y vendió a unos hermanos de Marmolejo la vertiente que mira hacia el barranco de la Romana.  En ese bregoso sector de la Viñuela se empeñó arando con su yunta de mulos que encerraba en la cuadra de la casería durante la noche, hasta que finalmente le llegaron los achaques y decidió jubilarse”. 

  Recuerdo a este pacífico pero tenaz hombre desplazarse, casi a diario,  hasta la Viñuela con su vieja bicicleta; su costumbre de bajar la cuesta del balneario y la de Polo andando y su parada obligada a la caída de la tarde, antes de entrar al pueblo, en el Pilar, para asearse un poco y cambiarse de calzado. En el sillín siempre llevaba atada una botella de agua pero no para beber sino como relajante contra su padecimiento de nervios. 

 Diego falleció en 2007 cuando contaba 88 años de edad, su mujer, María, unos años antes coincidiendo con el fin de la pasada centuria. Desde aquí mi reconocimiento a esta generación de jornaleros del campo que no teniendo más que sus manos y  muchas más ilusiones que medios económicos, lucharon hasta el final de sus días con  la esperanza de mejorar su vida y la de los suyos cultivando unas tierras que sus antiguos dueños, en la mayoría de los casos absentistas, mantenían en el más absoluto de los abandonos. 

 

Fuentes y bibliografía:

(1) El título de Conde de Gómara lo ostenta por estos años Rafael Arias de Saavedra y Cárdenas (Sevilla 1842-1906), casado con Ana María Pérez de Vargas y Cañavate. También ostentaba el título de marqués de Grañina (sexto marqués) ambos  heredados de su tío Francisco Javier de Cárdenas y Orozco (VI conde Gómara y V marqués de Grañina), fallecido sin sucesión el 12 de marzo de 1890. El conde de Gómara poseía en esta misma zona la hacienda de La Campana.

(2) Se denominan Llanos de Turel a la pequeña meseta, existente entre La Herradura Parras y la Viñuela.

(3) Catastro de Rústica de 1905, Archivo Histórico Provincial de Jaén, Legajo n.º 9294.

(4) Escritura de compraventa de José Domingo Navarro Salcedo. San Sebastián 1903.

(5) Testimonio de Adriano Medina Arévalo, hijo de Diego, de 63 años de edad. Adriano se crió en la Herradura desde los 5 años0, hasta que marchó al servicio militar. A su regreso trabajó en la Granja Escuela de Marmolejo y finalmente con su padre en La Viñuela. Quiero agradecerle sus testimonios y el material fotográfico cedido para la ilustración de este artículo. 

-Martínez Ramos, Basilio: “La familia de Talero de Arjona” Boletín del Instituto de Estudios Giennenses.

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