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Narraciones de la tradición popular

-Manuel Perales Solís

 

Los garbanzos de la casería de Los Pobres:

Contaban los antiguos del campo que vivían y pernoctaban en las caserías del pago de Cerrada que, en tiempos en que la casería de Los Pobres pertenecía  al marqués de Villalbo, se convirtió en centro de la curiosidad de los habitantes de aquel pago olivarero por los raros sucesos que allí ocurrían durante las noches. Parece ser que unos muleros que estaban dando rastrones  durante el mes de agosto, noche tras noche, veíanse sorprendidos por la presencia de un gran número de garbanzos que, desde el techo, caían sobre sus camastros haciendo un gran estrépito que les impedía conciliar el sueño, provocando en ellos, lógicamente, el pánico y la desolación. Otros extraños sonidos salían también de las habitaciones aledañas similares a portazos y ruidos de postigos de ventanas que, como empujados por el viento, se abrían y cerraban persistentemente sin control alguno.

Olivar serrano del pago de Cerrada con casería de Los Pobres . Foto: Manuel Perales.

Casería de Los Pobres. Foto Ricardo Fernández Perales

  Aquel enigmático fenómeno duró durante varias noches más, hasta que aquellos muleros y gañanes, aterrados por las horribles pesadillas nocturnas que padecían, decidieron trasladarse a la casilla de Marina  para poder descansar y conciliar el sueño imprescindible para el duro trabajo que realizaban de sol a sol.

  Desde entonces ya no volvió a hablarse más de nuevos sucesos en Los Pobres, aunque todavía hay quien afirma que los caminantes que pasan cerca de la casería a la caida de la tarde, parecen escuchar  ruidos extraños en su interior.

 

 

 El saetón de Sierra Morena:

  El saetón, también conocido como “Dragón de Sierra Morena” pudo ser una serpiente autóctona, probablemente extinguida hace años por efecto de los pesticidas en la agricultura (1). Parece ser que hace algún tiempo era, sin embargo, frecuente de ver por Sierra Morena, desde Huelva a Jaén,  en lugares especialmente húmedos y de vegetación abundante. Su veneno mortal la hizo célebre entre los naturales de la sierra, por su peculiar manera de picar, sorprendiendo a sus presas (personas o animales de labor) saltando velozmente desde los arbustos, según algunos de los testimonios conservados.

Casilla de Marina, junto al arroyo de La Cava, donde según la tradición popular decidieron trasladarse a pasar la noche los muleros de Los Pobres asustados por los extraños fenómenos de los garbanzos. Foto: Manuel Perales.

Ventorrillo del Charco del Novillo. Dibujo de Robles.

 El testimonio de don Pedro Yedres Agudo (2), conocido lugareño del Charco del Novillo de Montoro, y dueño del popular ventorrillo “Charco del Novillo”, la recuerda como una especie de serpiente de picadura mortífera, siempre camuflada sobre la vegetación de arroyos y humedales. Este reptil entre 50 cm a dos metros de largo y color verde oscuro,  cuyo peso podía oscilar entre dos y cinco kilogramos, atacaba por sorpresa, y cuando se aproximaba su presa, saltaba (o volaba) hacia ella inyectándole su mortal veneno. En cierta ocasión –dice don Pedro Yedres- “nos encontrábamos arando con los mulos en una finca del término de Montoro, y durante el descanso que hacíamos para dar un respiro a los animales, pudimos ver como uno de los mulos que se acercaba a un arroyo cercano para refrescarse, dio de pronto un gran blinco cayendo posteriormente desplomado al suelo. Mientras saltaba pude ver como una serpiente gruesa y de cabeza ancha, como si desplegase unas pequeñas alas, salió despedida del pescuezo del animal. El mulo quedó en el suelo con la respiración entrecortada y nada pudimos hacer por su vida a pesar de que con toda urgencia uno de los muleros se acercó a Montoro para avisar al veterinario. Cuando llegó, el animal había muerto”. Otro saetón de color marrón tiene un veneno menos mortífero, según don Pedro Yedres. 

  Hay un dicho popular muy extendido en los pueblos de nuestra Sierra Morena que advierte de la peligrosidad de esta enigmática serpiente: “Si te pica un saetón, coge la pala y el azadón”, en clara alusión al efecto inmediato y mortal de su picadura.

 

Notas:

(1) En el facebook del Parque Natural de la Sierra de Andújar encontramos la siguiente reseña sobre el saetón del biólogo e investigador aldeano, D. Juan Relaño Moyano que por su interés reproduzco: “Podría ser una especie que existió y que hace 60 años se extinguió por algún motivo. Quizá se debió a los pesticidas, cuyo uso agroquímico empezó a generalizarse en Andalucía en aquella época. Además, nos recuerda que la desaparición sistemática de reptiles de Sierra Morena se inició a mediados del siglo XIX y es muy extraño que siglo y medio después el saetón aún no se halle descrito. Pero puede ser un endemismo de Sierra Morena. Hay viejos campesinos del Charco Novillo que lo han llegado a ver en tres o cuatro ocasiones a lo largo de su vida.  Sin embargo, las razones por las que la comunidad científica duda de su existencia creyendo que el vulgo imagina un ser mítico a partir del encuentro con especies animales poco conocidas,  se debe  a que en los ecosistemas mediterráneos no hay reptiles voladores. La culebra bastarda es la única que en algunas ocasiones ejercita algunos saltos. El saetón podría estar más emparentado con el lagarto ocelado que con la víbora hocicuda, o con el eslizón, o con la lagartija. Por la forma de su cabeza parece un gallipato (que es un anfibio) y, según cuentan, vive en zonas húmedas... Podría ser, incluso, un paso evolutivo entre los anfibios y los reptiles. Hay salamandras que en estado larvario tienen branquias”.

   Los biólogos creen que el Saetón es una criatura creada por la colectividad a partir de testimonios de avistamientos de animales perfectamente documentados por la ciencia.  Básicamente el Saetón sería la mezcla de tres especies de reptiles documentadas en Sierra Morena. La primera de estas especies sería el Eslizón. El Eslizón, pese a que su aspecto puede recordarnos al de una serpiente, es en verdad un lagarto cuyas patitas está atrofiadas y aparecen como apéndices en los extremos de su alargado cuerpo. Sería el Eslizón el que aportaría el aspecto del Saetón: brillante y con unos apéndices a los extremos.  No es venenoso.

A la Culebra Bastarda debería la pigmentación (durante su juventud presenta una tonalidad verde para tornarse oscura, casi negra, según va envejeciendo) y el tamaño y grosor (son animales que pueden alcanzar fácilmente los dos metros de largo). Posee veneno, pero no el suficiente para matar a animales de gran tamaño tal y como afirman los testimonios.

Y para finalizar, su ponzoña la recibiría de la Víbora Cornuda. Se han documentado que las Víboras Cornudas cuando el calor aprieta en verano (fenómeno muy frecuente en Sierra Morena) se cuelgan en los árboles para estar más frescas y en este período (que recibe el nombre de “cuelgue”) se producen ataques a caballerías y jinetes. Cabe decir que una mordedura de víbora en un lugar determinado puede llegar a matar a un hombre o un caballo.

Pese a que los datos más conservadores arrojan la cifra de ocho millones las especies que pueblan la Tierra (de las cuales se han documentado un millón) todo parece indicar a que el Saetón es un animal creado por la colectividad a partir de avistamientos de distintos animales. La capacidad de hipnotizar y de volar han sido atribuciones que la colectividad ha atribuido siempre a los ofídeos y todo parece indicar que ninguna serpiente misteriosa se oculta en Sierra Morena.

 Aunque la comunidad científica no admita la existencia del Saetón, los campesinos y los cazadores de Sierra Morena coexisten hace tanto tiempo con el monstruo que hasta le asignan dichos y refranes: "Con el Saetón sólo espuerta y azadón"; que es tanto como decir que el único tratamiento para su venenosa picadura es la tumba.  Después de muchos años de viajes e indagaciones por los parajes serranos en donde ha sido avistado este ser, esta es la exposición de las investigaciones.

 Mientras no se encuentre al menos un cadáver o restos de este animal que podamos examinar en laboratorio, el saetón seguirá sin existir oficialmente para la ciencia”.

 

 (2) Mi agradecimiento a Don Pedro Yedres Agudo, propietario del Ventorrillo del Charco del Novillo, por su testimonio y amabilidad.

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